Se me aplasta la cabeza. Soy como Reina, necesito que me abracen. Un compromiso con algo por una vez.
A medida que recorrian el olivar y el Unicornio respondía a cada una de sus preguntas, el Hipogrifo no dejaba de sacudir las enormes alas de grifo. En ese preciso momento el Unicornio tuvo la desgracia de descubrir que era alérgico a las plumas.
Desde ese día no paró de estornudar.
No se animó a decirle al Hipogrifo por miedo a que se fuera y lo dejara solo.
Tampoco se animó a decirle que aleteaba dormido y que el viento que levantaba le enfriaba el pecho.
No. Prefirió vivir engripado.
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